Eulàlia Grau: Nunca he pintado ángeles dorados

Mañana, jueves 7 de febrero, a las 19.30 horas, se inaugurará ‘Nunca he pintado ángeles dorados’, la primera exposición monográfica de una de las voces catalanas más reivindicativas de los años setenta y ochenta, Eulàlia Grau (Terrassa, 1946) en el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA)

Entre el arte y el activismo. Este es el denominador común de los trabajos de Eulàlia Grau (Terrassa, 1946), a quien el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) dedica su primera exposición monográfica. Corrupción, explotación laboral, especulación inmobiliaria, los estereotipos de género y, en general, la capacidad que tienen los medios de comunicación de masas para influir en la imagen que tenemos del mundo, son sus principales temas de interés. A medio camino entre la artista de vanguardia y la activista, es considerada una de las voces más reivindicativas de su generación. La muestra ofrece una selección de sus trabajos, que ella misma califica de retratos de la realidad circundante. Cuarenta años más tarde, buena parte de las situaciones que denuncia continúan vigentes. Esta exposición, se enmarca en una de las líneas de trabajo del MACBA con la que se quiere recuperar aspectos de la trayectoria de artistas relevantes de nuestro entorno, y que recupera sus obras menos conocidas pero significativas, como ha sido el caso de Benet Rossell, Joan Rabascall y Àngels Ribé.

Nunca he pintado ángeles dorados reúne casi un centenar de obras de la década de los años setenta y principios de los ochenta, muchas de ellas inéditas, que obligan al espectador a reflexionar sobre cuáles son los mecanismos en los que se fundamenta nuestra sociedad, de dónde proceden los valores imperantes y comos éstos se articulan mediante sistemas de represión. La muestra incluye también una obra inédita de reciente producción, Me gustaría morir en un lugar donde nadie me viera. María (2011-2012), una proyección de fotografías sobre casos actuales de corrupción política y financiera, como el caso Gürtel, Nóos, Millet, entre otros. Eulàlia Grau enuncia y denuncia la realidad, tomando imágenes procedentes de la prensa, que recompone y utiliza como elementos de análisis por contraposición. Un mosaico de situaciones reales aparentemente inconexas, que coexisten en nuestro sistema socioeconómico y cultural.

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Eulàlia Grau comenzó a estudiar Bellas Artes en Barcelona, pero lo dejó para estudiar cine en la Sala Aixelà, donde tuvo como profesores a Pere Portabella y Alexandre Cirici, conoció a Jacinto Esteva, Josep Gusí y Antoni Padrós. Más adelante estudió diseño en la escuela Eina con Cirici, Albert Ràfols-Casamada y Josep Maria Carandell. En Milán colaboró en el estudio de diseño de Ettore Sottsass. Precisamente en un momento en que los artistas investigaban nuevos medios, Eulàlia Grau se decidió por el trabajo artístico con iconografías de contenido crítico muy político. Es durante los años setenta, y parte de los ochenta que desarrolla una gran parte de su obra. A mediados de esta década, después de una temporada en Alemania, se trasladó a Japón y a la China. Cuando vuelve a finales de los años noventa, no reprende la actividad artística inmediatamente sino que será al cabo de unos años que decidirá continuarla.

En todos sus trabajos utiliza la fotografía procedente de los medios de comunicación. La fotografía, según la artista, captura un fragmento único de la realidad, en un contexto de cambio permanente. De esta manera extrae y recompone esta realidad en telas emulsionadas y serigrafías. También se sirve de medios menos habituales como son libros, pósters o inserciones en revistas, consciente de su mayor difusión en circuitos alternativos y más accesibles a un público más amplio. Su trabajo ser convierte en un medio radical de observación de la realidad y de activismo. Es un testimonio incómodo de la sociedad de su época. Documenta aquello que ve, las debilidades, contradicciones y perversidades del sistema capitalista e induce al espectador a reaccionar. Su producción está estrechamente vinculada a una lucha política y social, a la denuncia de un capitalismo que intensifica las diferencias de clase. Y este sistema, utiliza mecanismos de perpetuación no solo represivos, como la policía, el ejército o la prisión, si no también persuasivos, como la familia, la escuela y los medios de comunicación.

 

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